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25-05-2013
Ghamm
Publicada el 03-08-2012 08:50 0 4

Serenidad

En circunstancias críticas, decía un ex subdirector de policía llamado George S. Dougherty, fallecido hace muchos años, hasta los más tímidos logran demostrar un admirable dominio de si mismos

Si usted duerme plácidamente y de repente se despierta de un sobresalto, abre los ojos en la oscuridad y escucha con atención. En la escalera se escuchan pasos cuidadosos. ¿Qué hace? ¿Sigue en la cama? ¿Grita? ¿Enciende la luz?

En circunstancias críticas, decía un ex subdirector de policía llamado George S. Dougherty, fallecido hace muchos años, hasta los más tímidos logran demostrar un admirable dominio de si mismos.

Hubo un caso, en 1928, de la señora de Harold Stribling y el maniático de Omaha, que mataba a hachazos a sus victimas. En ese tiempo había ya asesinado a tres amas de casa y las publicaciones en los diarios daban, cual mas, detalles horribles de los sucesos. Una noche, la señora Stribling se despertó con el sonido sordo de unos golpes, y en la oscuridad pudo divisar, en la cama de al lado a un hombre alto que daba golpes de hacha sobre la ensangrentada cabeza de su marido. Momentos después se volvió hacia ella y levanto el hacha con la cual dio un nuevo golpe a la señora, pero ella, en su terror, levanto los brazos y pudo desviar el hachazo, pero el filo le produjo una herida en la cara.

La señora le pidió que la escuchara, y durante una hora, la señora le estuvo hablando al maniático. Con mucha serenidad, absteniéndose de llorar y rogar, no dio muestras de miedo. Miraba a cada momento hacia la cuna que estaba al otro lado de la pieza en la que dormía su hija de un año, mientras hablaba al asesino como una mama con su pequeño hijo travieso.

Todo ese tiempo le hablo en voz baja, pero en tono firme y persuasivo sin detenerse ni un minuto mientras el maniático sostenía el hacha y escuchaba en silencio. Unos minutos después este la llevo con el a la calle.

La señora Stribling se puso un abrigo y se calzo unas zapatillas. Camino delante del loco por las calles oscuras y sin nadie a la vista. Después de llegar a campo abierto el hombre la tomo por el cuello y le hizo jurar que si lo atrapaban ella no lo reconocería. Ella juro y corrió a su casa, enloquecida por el trance. Un año después Jake Bird, el despiadado asesino, fue condenado a muerte pero no por el testimonio de la señora Stribling. Su marido, a pesar de haber recibido unos horrorosos cortes con el hacha, salvo su vida y pudo identificar al asesino ante un jurado.

Esa madre, observa el policía, trato a Jake Bird de igual a igual. Hablo con el en vez de lanzarle reproches o rogarle y este se sintió halagado. Aunque sea un pervertido siempre le quedará algo de humano en común con los demás. Si se puede trabar con el criminal una charla sobre cualquier fin, tendrá ganados dos tercios de la batalla. Todos tenemos accesibilidad de algún modo, y si se logra el dominio, el peligro mismo inspira lo que se debe hacer.

Preocúpese por si mismo y se vera abrumado por el pánico, pero pensar en los demás, hara lo que justamente se necesite en aquellas circunstancias

Preocúpese por si mismo y se vera abrumado por el pánico, pero pensar en los demás, posiblemente, haga lo que justamente se necesite en aquellas circunstancias.

¿Quién tiene mas dominio de si mismo, los hombres o las mujeres?

Una antigua leyenda, que tal vez sea anónima, comenta esta cuestión. Durante una cena de sociedad que se celebraba en al India la charla recayó sobre el tema del aplomo y el dominio de uno mismo, y lógicamente alguien lanzo la pregunta: ¿Quiénes tienen mas serenidad en un momento de crisis, los hombres o las mujeres?.

Los señores presentes, oficiales del ejército y funcionarios del servicio público, llegaron a la conclusión de que la mujer era una obra maestra de la naturaleza, y su único defecto era dejarse arrebatar por los nervios en presencia de algún peligro. Y en esos casos son necesarios los hombres. Todas las señoras asintieron cortésmente, menos la dueña de casa. Cuando la conversación estaba en su máximo punto de discusión llamo a un sirviente y le ordeno en voz baja que le llevara un tazón de leche y lo colocara debajo de la mesa.

El joven se dio prisa y puso el tazón de jade en una palmeta próxima a su señora. Después retrocedió y se quedo en pie con solo un látigo en la mano, listo a reaccionar. De debajo del mantel de la mesa comenzó a deslizarse una forma alargada y amarillenta con manchas blanquinegras. La cobra se acerco a la leche y los sirvientes cayeron sobre ella y la mataron.

¡Pero cómo!, exclamó un coronel de cara roja en dirección a la dama. ¿Cómo supo usted que había una cobra debajo de la mesa?

¡Porque la tenia enroscada en el tobillo!, dijo sonriendo tranquilamente la señora dueña de casa.

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