Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Andregz escriba una noticia?

¿Seguro que un metro?

13/06/2009 14:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Como afrontar la problématica del tranporte en la República de Panamá

Una de las variadas -y difusas- argumentaciones que utilizó el actual presidente electo con respecto a la probemática del transporte en la capital, fué, que los panameños pasaban 10 años de media en su vida en un transporte público; si bien es cierto que esta es una afirmación de cálculo bastante dudoso, también lo es, que esta problemática se ha convertido en uno de los mayores lastres para el progreso del bienestar tanto económico como social del panameño.

La situación actual nace en la creación del sistema de cupos, que privatizó en la práctica el trasporte público, fuente de movilidad de más del 60% de la población; intendando desembarazar al estado de una de sus funciones ante la incapacidad de asumir las medidas correspondientes para la socialización de los medios colectivos de trasporte.

En aquél entonces se dió una contradicción que a día de hoy no se ha podido superar, era imposible compaginar el desarrollo de un sistema de transporte realmente público, con las prioridades económicas de una empresa sujeta a las leyes del libre comercio. Simplemente se deshicieron del problema. No quisieron aceptar que el trasporte público es un producto social, un derecho adquirido a una movilidad rápida, digna y barata; que como tal no puede perseguir la consecución de un beneficio económico directo; esa inversión que obligatoriamente debe asumir el estado a pesar de que algunos lo catalogaran como una pérdida, revierte indirectamente en todos los sectores productivos, al aumentar el bienestar del trabajor, reducir el absentismo y el retraso laboral, aumentando así la productividad y el aprovechamiento de los recursos nacionales.

Llegamos así al 2009 con un trasporte tercermundista, capitaneado por la flota de autobuses escolares norteaméricanos (allí jubilados a más tardar en los 80) que hoy constituyen la mayoría del trasporte regular, con prestaciones inexistentes, poniendo en peligro la vida de pasajeros y transeuntes, sin alternativas y en condiciones infrahumanas, reduciendo a los usuarios a la condición de ganado; con una flota dirigida por ridiculos aprendices de terrateniente, que como los comerciantes medievales de reliquias cristianas, quieren cambiar basura, porque no tiene otro nombre las tártanas que utilizan para dar el servicio, por oro; todo ello a cuenta del presupuesto estado a causa, de no sabemos qué prebendas; y no contendo con este despropósito de perversiones legales y administrativas, el estado aún pretende reutilizar (que sería ya rererereutilizar) esa maquinaria para un eventual servicio (ahora si) de escolares, que dá la impresión que va morir con las pasadas elecciones del 3 de mayo.

No es ni mucho menos un panorama secillo; y más cuando lo sumamos, primero a la falta de planificación urbanística, que provoca la carencia de sentido o lógica alguna en la organización de las calles, avenidas, y sentidos de Panamá; y segundo, ese dogmatismo arquitéctonico que parece obligar a mirar hacia el gran vecino del norte para saber como debe ser una ciudad, y que desemboca en aberraciones como la cinta costera, fruto del deseo de las zonas pudientes de llegar a sus hogares y al Corredor Sur sin pasar por las frecuentes aglomeraciones de tránsito en las calles aledañas a la bahía de Panamá, todo a costa del consabido atentado ecológico (uno más), en una ciudad hecha para los automóviles (¿cuantas aceras hay en la ciudad?) y diseñada para matar peatones. Quién diría que esta ciudad gris es la capital del país con mayor diversidad de toda América Latina.

En la gestión de esta situación el problema no fué la falta de opciones, sino la omisión de acción, dejando que el servicio se degenerara por su propia organización. Como en casi todo, no hay soluciones milagrosas, la situación de la ciudad se ha vuelto tan caótica, que la construcción de un metro es una opción irreal; si fuera subterráneo, la magnitud de la obras sería inasumible, al tener que paralizar para llevarlas a cabo, a la ciudad capital, donde vive la mitad del país, además de encontrarnos en un coyuntura económica internacional que lo hace inviable, si se para la capital, se para la nación. Si el metro fuera en la superficie en cuando entra en juego la nula organización urbanística de la ciudad, que demolían y construían edificos a lo largo y ancho de la ciudad al abrigo de unos cuantos maletines debajo de la mesa; sin pensar un segundo en las avenidas, la necesidad de vías alternativas, los sentidos de las calles y las estructuras de movilidad que debería tener. Es imposible eliminar un paño y medio (sino más) de cualquier avenida de ciudad sin multiplicar el tranque y las dificultades para el paso en horas punta (que cada día empiezan antes y terminan después). A esto sumamos que la ampliación del Canal va a llevar al país a endeudarse de forma todavía inimaginable, al tener que avalar todas las inversiones privadas imprescindibles para la obra; con todo esto resulta muy dudoso que algo parecido al metro llegue a Panamá, e incluso, si de forma casi milagrosa se llegara a construir, las dificultades de toda índole aquí enumeradas dificultan que no se convierta en un transporte netamente elitista.

De una vez por todas el estado debe hacerse cargo de la gestión íntegra del trasporte urbano, renovando la flota de autobuses, formando a profesionales que manejen esos autobuses, y que respondan ante el estado como cualquier otro funcionario, multiplicando las frecuencias, ampliando los horarios, adecuando las rutas a las necesidades de los panameños, implementando los recorridos durante toda la noche; creando conciencia y valorizando el trasporte colectivo, mostrando que es la mejor opción, la más económica y la más ecológica, no sólo para ir al trabajo o a clase, también lo debe ser para viajar al interior, a Colón, para ir y venir de fiesta cualquier noche de la semana sin preocuparse del carro, más tomando en cuenta que la mayoría de los accidentes de tránsito están provocados por el consumo de alcohol precisamente en esas noches de ocio. Con esto, un porcentaje muy importante de la población (incluido yo) se olvidaría de los gastos y problemas que ocasiona un automovil, y se movería integramente en transporte público, aligerando las aglomeraciones al circular menos carros, si eso no fuera suficiente, quitemos la mayoría de los estacionamientos que adelgazan las calles, subamos el precio de los parquímetros, despertemos a los vagos de la ATTT para que empiezen a boletear a los carros mal aparcados (que no sería más que hacer cumplir la ley), y sino fuera suficiente, tomemos el ejemplo de grandes urbes como París, tres días a la semana circulan las placas pares, y tres las impares, y el domingo que salga quien quiera. Todo esto obviamente después de poner en marcha un transporte público que merezca tener ese nombre, no podemos limitar el uso del automóvil sin dotar al pueblo de un medio alternativo.

Como ven, no será por opciones o por medidas, sobran cosas que hacer, pero por favor, que hagan algo.


Sobre esta noticia

Autor:
Andregz (2 noticias)
Visitas:
1267
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.