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12/06/2020

El sueño de muchos ciudadanos es lograr un puesto en la administración pública, lo cual les garantiza un trabajo para toda la vida, con un horario reducido, un sueldo siempre en aumento, la garantía de que no van a ser despedidos y muchas veces para ejercer de autoridad sobre otros ciudadanos

Quienes plantean este futuro para sus vidas suelen estudiar cuál es el puesto que más les conviene y el que más desean en función de sus circunstancias personales.

Por supuesto que hay muchas y muy varias actitudes, incluso alguna que otra altura de miras y muchas justificaciones para tal vocación, pero lo de servir al pueblo, la vocación de servicio público suena a cinismo y es más bien escaso.

Estudiar” para funcionario, es un trabajo simple, sólo hay que memorizar respuestas y aprenderse al caletre las leyes, reglamentos y disposiciones ministeriales, no se requiere razonar más allá del sentido común.

Sólo hay que aprobar el examen con buena nota, obtener destino, o pasar a la lista de espera para obtener plaza vacante.

Desde tiempos inmemoriales podemos encontrar en la sociedad a ciudadanos cuya única actividad es la de “opositor”, aquel que dedica su vida a presentarse a las oposiciones a funcionario de algo.

Los funcionarios una vez que ocupan su plaza se dedican a cumplir órdenes de sus superiores, decía uno de ellos, “yo tomo la cinta de medir por el cero, el que lea, que se equivoque” o aquel otro cuya divisa era pasar desapercibido siempre, porque si destacas te van a cargar de trabajo, así que mejor estar en el pelotón de los torpes.

Los funcionarios se ganan los ascensos a base de servilismo y obediencia al jefe de turno, pero la mayoría prefiere jubilarse sin hacer ningún esfuerzo, ni siquiera el de dar los buenos días.

Hay funcionarios en los tres poderes del Estado, así que a cada “estamento” corresponde un arquetipo de funcionario.

Hay funcionarios que preocupan y afectan de forma decisiva a la vida de los ciudadanos y guardan relación con la tranquilidad de su existencia: Jueces, fiscales, policía y militares.

Y la preocupación nace en las causas que lleva a estas personas a elegir su profesión, ya que de la rectitud de su comportamiento va a depender la seguridad y la existencia misma del ciudadano.

Resulta muy preocupante cuando uno de estos funcionarios llega a decir “a por ellos” o “a este me lo cargo yo”, expresiones que delatan la mala fe, el espíritu de revancha y venganza que albergan en su interior.

De ahí la importancia de la igualdad ante la Ley y la imperiosa necesidad de que esta igualdad sea realmente efectiva, haciendo cierto también el principio de que mi libertad se acaba donde comienza la tuya, mis competencias se acaban donde comienzan tus derechos.

O el Estado es un instrumento del pueblo para garantizar sus derechos o no tiene sentido el Estado

Pero fíjese mi agudo lector, que esto no siempre se cumple y lejos de ello y cada día más acudimos al atropello constante de los derechos los ciudadanos y al trato diferenciado por parte de jueces, fiscales y cuerpos policiales.

Estos funcionarios del Estado no son sometidos al escrutinio público de sus fechorías y sólo tenemos noticia de sus procesos judiciales cuando se trata de delitos comunes o económicos, pero nunca cuando se trata de abuso en función de su cargo, algo que se ha reservado para los políticos, esos que curiosamente son electos por la soberanía del pueblo.

A los funcionarios no los elije nadie, son el resultado de una designación no de una elección, no sólo no están expuestos a la vigilancia del pueblo, sino que cuentan con el amparo de sus superiores, de sus gremios y del mismísimo Estado.

Resulta vomitivo, escuchar a un juez cuando dice a un reducido círculo de amigos: “A es hijo de puta lo voy a sentar mañana en el banquillo”, imagínese mi querido lector, que en lugar de un juez fuese un cirujano el que dijera: “A ese hijo de puta lo voy a tener mañana en el quirófano”.

Pues no hay que imaginárselo, estos dos comentarios se han escuchado más de una vez y resultan inquietantes, de ahí la importancia de reflexionar seriamente sobre la necesidad de controlar a los funcionarios del Estado.

Que nadie se olvide que los funcionarios del Estado cobran sus sueldos de los impuestos, directos e indirectos, que pagan todos los ciudadanos.

No se puede consentir que el Estado y sus funcionarios permanezcan al margen del control de los ciudadanos que al fin y al cabo son en esencia su soporte vital.

La Revolución francesa dio paso a los Estados Modernos y Democráticos, estableciendo los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que dieron por finalizada la tiranía del absolutismo.

La autoridad impuesta es una tiranía, su antídoto es la democracia ejercida por el pueblo y los pueblos son libres cuando ejercen su soberanía mediante el sufragio universal.

Ciudadanos tomar conciencia de vuestro papel en la sociedad y asumir vuestras responsabilidades con libertad e independencia de criterio.

 

@ordosgonzalo

 

 

gonzalo   alvarez-lago   garcia-teixeiro

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