
En un país corrompido hasta las entrañas, donde la cultura del "coimeo" (soborno) preside la vida cotidiana, no es de extrañar que sus ciudadanos desconfíen de los medios de comunicación.
Pero más significativo es, si cabe, que durante los días anteriores al Golpe de Estado institucional, algunos medios se hayan destacado por sus campañas de acoso y derribo al Presidente Lugo, instigando a los ciudadanos (a los que viven en Asunción, especialmente) contra los campesinos, a los que se vincula sin fundamento y de forma indiscriminada con supuestos guerrilleros, también supuestamente vinculados al Presidente Lugo.
Años atrás pude comprobar en persona cómo actúan los partidos en Paraguay con los medios de comunicación: Un dirigente político convoca a sus "correligionarios", les hace entrega a cada uno (he llegado a ver 30) de un teléfono móvil (celular), les da los números de teléfonos a los que tiene que llamar o enviar mensajes, indica a cada uno de ellos lo que tiene que decir y así intervienen a lo largo del día en las emisoras como si de ciudadanos independientes se tratara. Orquestan campañas de "opinión" interesadas y pagadas, con el fin de crear un estado de opinión favorable a sus intereses, o para desprestigiar a sus adversarios.
Entre los "operadores políticos" así se les conoce en algunos sectores, se encontraban algunos periodistas.
La realidad paraguaya, supera a la ficción de las grandes pantallas de cine, políticos corruptos y confesos, empresarios delincuentes y mercenarios de todo tipo conforman la clase dirigente de un país, sometido al imperio de la arbitrariedad, como en las viejas sociedades feudales, administradas por los poderosos amos de la tierra, a los que hay que pagar tributos sin recibir nada a cambio.
Los medios y los periodistas son manipulados por los corruptos
Los periodistas paraguayos honestos, sufren la marginación, el acoso y el desprecio de aquellos que se someten al sistema, viéndose obligados a luchar contra la corriente en medio de la basura que les rodea, siempre temerosos de ser la siguiente víctima de sicarios a sueldo pagados por los de siempre.
Siempre se dice que los periodistas viven de los políticos y que los políticos compran a los periodistas, desgraciadamente resulta ser bastante cierto.
Ser periodista y ser independiente en Paraguay es peligroso, más en estos días.