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Neuroliderazgo empresarial

02/12/2015 12:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¡No me digas que tú no puedes!

¡No me digas que tú no puedes!

 

Nada se puede obtener en una empresa si la gente no actúa con el debido compromiso con ella, entendiéndola no solo como la fuente de ingresos que les permite satisfacer sus necesidades, sino como la plataforma para el crecimiento personal y el desarrollo profesional  de todos los que la componen. Y nada puede ocurrir tampoco si “su gente” no actúa con cohesión  y cooperativamente. Si no dejan atrás  el comportarse absurdamente y a la defensiva como miembros de tribus separadas, llámese hoy “departamentos” o bajo el egoísmo de sus “egos”

El logro no es cosa de unos pocos sino de todos. Y para obtenerlo cada persona, cada compañero de trabajo, cada colaborador, debe ser un líder en su parcela. De otra manera, el engranaje del éxito nunca funcionará.

Si comparáramos a líderes como Jesús de Galilea, Adolf Hitler, Nelson Mandela, Golda Meier, Margaret Thatcher, Simón Bolívar, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Steve Jobs, Bernard Madoff, Hugo Chávez, Rómulo Betancourt, y nuestro inolvidable Eugenio Mendoza Goiticoa,  y nos preguntásemos en qué se parecen o diferencian, o en qué los “hizo ser líderes”, quizás nuestra primera idea sería la de pensar en las consecuencias o efectos de su liderazgo sobre la gente, sobre la “moral” y  sobre las virtudes éticas  practicadas. Y, por supuesto, nada que ver tendría Hiltler o Madoff con Jesús. Aunque, realmente, los principios morales son claves para medir la obra de un hombre. Pero si simplemente, filtrásemos el concepto de moral, probablemente llegaríamos a la conclusión, de que un líder es alguien que desea construir algo, cambiar algo, modificar algo, superar algo, porque cree que tiene las capacidades y la solución a ciertos problemas.

Si el concepto anterior lo aplicamos al ámbito empresarial, personal y profesional, el simple hecho de querer construir, cambiar o modificar algo puede empezar por el cambio de uno mismo. Decía Gandhi: “Se tú el cambio que aspiras a ver en el mundo”. El cambio  comienza por cada uno de nosotros, para después cambiar al entorno, a la empresa, a la nación. Si por ejemplo, deseamos que Venezuela cambie en cosas tan sencillas como que la gente no arroje basura en el suelo, que se respeten los pasos de peatones, que nadie “se cuele” en las colas…, los primeros en practicarlo debemos ser nosotros. Si queremos que en la empresa nos traten bien, escuchándonos y criticándonos con corrección, hablándonos con respeto, pues propongo que empecemos por nosotros mismos.

Y el liderazgo personal que yo más admiro, es el de los héroes y heroínas anónimos de todos los días, esos que cogen la camionetica a las cinco de la mañana, comen frugalmente y llegan muy tarde a su casa, y aun desfalleciendo, entregan los mejor que tienen: ayudan  a los “chamos” a hacer su tarea y  cocinan o lavan la ropa para que todo el mundo vaya limpiecito al día siguiente. Esos que son ejemplo de familia y de compañeros en el trabajo, nunca cómplices pero siempre leales. Siempre responsables, íntegros, honestos y humildes.

 El liderazgo, verdadero tiene mucho de moral, de buenas costumbres y de arrojo, coraje y valentía porque mantenerse virtuoso es una batalla que hay que ganar cada día.  Salir victorioso implica tener fortaleza mental y liderazgo cerebral para no caer en el facilismo o lo que es peor, la corrupción o la pérdida del tiempo con el chisme intrascendente que muchas veces es cómplice de la difamación injuriosa dedicada a destruir.

En tal sentido, líder puede ser y debe ser tanto el presidente de la empresa como el que limpia el baño, la recepcionista, el vendedor, el que no te cae y tú mismo como miembro del equipo de Recursos Humanos, de Planificación o de cualquier otro. Y lo puedes ser porque puedes cambiar tu cerebro y adquirir los hábitos y prácticas más eficaces, y lo debes de ser porque sin tu aporte y apoyo ningún resultado será posible. Como decía la Madre Teresa de Calcuta “Si cada persona barriera la acera de su casa el mundo estaría limpio”.

Siempre me acordaré de la frase de los Tres Mosqueteros, cuando leí a Dumas: Todos para uno y uno para todos”. Y también de un poema medioeval que dice así:

 “Por un clavo se perdió la herradura.

Por una herradura se perdió el caballo.

Por un caballo se perdió el jinete.

Por un jinete se perdió la batalla.

Por una batalla se perdió el reino”

 

Quizás lo estés pensando y sabes que no te puedes permitir el  no ser líder, pues tu progreso, el de los tuyos, el de tu empresa, el de tu país depende de tu responsabilidad, de tu compromiso con “el buen hacer”.  Y no debes practicar la culpa-habilidad, que consiste en “echarle la culpa a los demás” sin asumir el liderazgo que te corresponde en tú parcela. Es una necesidad que seas tú también “el héroe anónimo de todos los días”. Aquel que puede mirar con orgullo-aunque sin soberbia- a los ojos de los demás y decirles “sigue mi ejemplo”, no hagas solo lo que digo, haz lo que practico.

Eso, amigo mío, es ser un líder .Y de ahí, si tienes la actitud necesaria y la fuerza de voluntad para optimizar tus fortalezas y corregir ciertas debilidades, surgirá el compromiso.

Probablemente llegues a pensar, que “tú no puedes”, que eso de “líder” es para otros, A mí me ocurre muchas veces. Me digo: “No puedes, Miguel, no puedes”

Pues bien permíteme hablarte de dos personajes, cuyas historias me han impactado. Willma Rudolph y Knosi Johnson. ¿Los conoces? Quizás no. Por si acaso, te hago una breve reseña, que quizás podrás ampliar después. Sus historias son extraordinarias y dignas de admiración”

Wilma Rudolph  (1940-1994), atleta norteamericana, llamada “La Gacela Negra” quién a pesar de ser de color y haber nacido en una familia extremadamente pobre con 22 hijos, en tiempos en que arreciaba una segregación feroz, y de padecer parálisis en una pierna a consecuencia de una poliomielitis, logró culminar sus sueños de ser corredora y conquistar tres medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Roma, aparte de otros triunfos. Siempre me ha sorprendido su tesón y los casi milagrosos resultados, cuando los médicos- en su día- pronosticaron que, sin duda alguna, jamás podría caminar normalmente. Y no caminó, voló batiendo varios records.

Nkosi Johnson (1989/2001),  niño de raza negra que sufría de VIH. Su madre-que murió al nacer- le transmitió la enfermedad, siendo adoptado por una valiente mujer blanca. La frase que pronunció y sigue demuestra su valentía:

“Haz lo que puedas, con lo que tienes, en el tiempo que tienes, en el lugar en el que te encuentres”.

Se me erizan los pelos de los brazos cuando releo esta frase y repaso su corta pero aleccionadora vida; y más cuando pienso que  con menos de 12 añitos, logró con su madre, crear una fundación para cuidar a madres e hijos con SIDA.

Y bien, ¿me he explicado? Lo tienes todo. Te tienes a ti. El liderazgo, sabes, está en tu interior. Si lo buscas, lo encontrarás. Ahí, adentro. ¡Tú lo puedes!

Y sabes, va mucho más allá de la experticia. De tu saber profesional. Tiene que ver en cómo encares la vida, no solamente tus éxitos, cómo enfrentas y reacciones ante fallas, errores y fracasos, el cómo te levantes tras ellos. Y también cómo trates a los demás, en tu capacidad de comprensión y empatía. Y aún más allá, el de que “tan compasivo seas”.

Es decir, el liderazgo es actitudinal y supone tener un propósito que sea el motor de tu vida, un motivo que te dé fuerzas, que te inspire. Cómo diría Viktor Frankl, siguiendo a Nietzsche: “El que tiene un porqué encontrará un cómo”. Frankl, el padre de la logoterapia, vio cómo morían sus padres, esposa y amigos en campos de concentración nazis. Logró sobrevivir porque encontró un porqué. Te recomiendo leer su libro “El hombre en busca de sentido”, encontrarás el porqué de su fuerza.

Yo no sé qué es aquello que puede dar sentido a tu vida. Simplemente creo que si todavía no lo tienes debes de encontrarlo, y al tenerlo podrás superar cualquier dificultad, cualquier obstáculo.

Permíteme que te comente que admiré a una señora que vendía arepas al lado de las Torres del Silencio. Ibas a las 6 de la mañana y estaba ahí. Eran las 8 de la noche y estaba allí. Siempre gentil, siempre amable, siempre cooperadora, siempre sonriente. Lloviera o tronara, con viento o sin él. Siempre estaba ahí, de pie, erguida, con sus casi 62 años. Y yo, como curioso, un día le pregunté, no sin antes pedirle perdón por mi intrepidez: ¿Qué la soporta, qué le da fuerzas? Sabes que fue lo que me dijo: “Dios me da fuerzas porque tengo un hijo que estudia medicina, los libros son muy caros, eso me da fuerza, la universidad es muy cara, eso me da fuerza, el transporte y la ropita son muy caros, eso me da fuerza, pero mi hijo vale mucho más que eso, mucho más” y después me dijo: “Nunca nadie me lo había preguntado”. Sacó una arepa, la rellenó con quesito  blanco y me la regaló. Después me abrazó. Yo me quedé azorado, no sabía qué hacer. Le di otro beso y me fui. Bueno, para que decirte más. Eso es un líder. Hace mucho tiempo que no la veo. Yo, de aquella, era un estudiante. Su hijo ya se habrá graduado. ¡Qué orgullo debió de sentir!

También conocí a un chico sumamente inteligente y trabajador que colaboró conmigo, que había  vivido en el pico de un cerro de los más peligrosos de Caracas, Me contaba que las balas-muchas veces-le silbaban por encima de la cabeza y que los “malandros” le rodeaban. Saben, pero él no quiso ser “malandro”. Además, contaba con la orientación y  ayuda  unos padres maravillosos, capaces de hacer cualquier sacrificio por su hijo, que no pararon hasta que éste se graduara. Eso recuerdo que le hacía sentir orgulloso. Cuando conocí a sus padres, sentí  verdadera admiración.  Gente sencilla, de valores. ¡Madera de líder en un bosque de buena madera!

¿Y tú, de qué te sientes orgulloso?

Deja el pasado, los resentimientos o los remordimientos. Todos cometemos errores y “horrores”. Estás en un eterno presente. ¡Vívelo! Además, piensa en lo que dijo el emperador Marco Aurelio en su obra Meditaciones: “la vida es flor de un día”. Cuídala, valórala y disfruta de cada momento, no desperdicies las enseñanzas de este brevísimo viaje. Hay maestros por el amor y el dolor, que nos enseñan lo que hacer y no hacer.

Y para terminar reflexiona sobre estas dos frases de Buda, únelas y piensa sobre lo que vale la pena.

 “El pasado es  un sueño, el presente una nube que pasa  y el futuro una incógnita”

“Tu peor enemigo no te puede dañar tanto como tu propia mente. Ni tu padre, ni tu madre, ni tu  amigo más querido, te pueden ayudar tanto como tu propia mente disciplinada”

Venezuela, en momento tan difíciles como los que estamos viviendo, necesita de nuestro liderazgo.

 

Miguel Gago

Noviembre, 2015.

 


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