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Las Mentiras de Eustaquio Buelna

24/02/2018 22:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Algunos pecadillos de Buelna

 

Con la Historia Oficial lanzando siempre panegíricos y apologías de sus personajes históricos preferidos, a menudo dibujados como santos, como seres perfectos o al menos impolutos, y aunado a esto libros de autores que apasionados se apartan de la delgada línea de imparcialidad en que debe mantenerse un historiador si desea que su obra se apegue a la verdad,    resulta difícil creer que algunos  personajes de nuestra Historia fueran capaces de equivocarse, de mentir, de sentir envidia, de ser rencorosos, de ser mujeriegos. Fueron ellos, al igual que usted y que yo, hombres y mujeres de carne y hueso, con hormonas fluyendo dentro de sí, y por ende seres con sentimientos y con pasiones. Personas que amaban su patria, que deseaban lo mejor pare ella y sus hijos, pero que también sentían envidias, que sabían mentir, que eran capaces de traicionar, de equivocarse; que lo mismo podían amar a alguien u odiarlo. Plácido Vega Daza fue un mujeriego empedernido; Ramón Corona era envidioso y rencoroso; Eustaquio Buelna jamás pudo perdonar a Vega Daza y lo cubrió de oprobio sin piedad y …

El enemigo intelectual.

 (Tomado de El General Traicionado. Vida y Obra de Plácido Vega Daza, de Antonio Lerma Garay.)

Contra Plácido Vega no pudieron las tropas de Ramón Corona, Domingo Cajén,   Antonio Rosales, Ascención Correa ni las de muchos otros de sus enemigos; tampoco mellaron al sinaloense  las amenazas del británico Sidney Grenfell ni las del francés Mullet. En San Francisco, a pesar de los descalabros sufridos, ni Charles de Cazzotte, Martin Burke  o Charles James pudieron contener al general sinaloense quien con astucia se las ingeniaba para remitir armas y pertrechos a México.  No era con armas ni con contraespías o una orden ejecutiva de Abraham Lincoln, pues, cómo se podía aplacar a este orgulloso soldado de la patria y las instituciones mexicanas. Sin embargo, bastaron simples pluma y papel  para derrotar a Plácido Vega Daza. Las órdenes escritas del ministro Sebastián Lerdo de Tejada causaron la caída del general sinaloense, pero otros escritos habrían de causarle aún más daño.

José María Yáñez como gobernador adherente al Plan de Tacubaya  nombró su Consejo de Gobierno el día 9 de enero de 1859,   compuesto por cinco consejeros propietarios con sus respectivos suplentes. El día 14 de ese mismo mes y año el Consejo de Gobierno juró prestar sus servicios al mandatario  que apoyaba dicho plan y por ende objetaba la Constitución Política de 1857.[1]El quinto consejero suplente era un hombre nativo de Mocorito quien por algún tiempo de Plácido Vega fue colaborador, asistente, y aun Secretario de Gobierno: don Eustaquio Buelna. 

En la carta que Eustaquio Buelna envió a Plácido Vega el 29 de  agosto de 1857, además de darle a conocer el resultado de las elecciones, también le dice:  “Muy estimado amigo. Recibí su cartita con sumo placer y en ella no advierto más que los síntomas de una verdadera amistad, de lo que quedo muy reconocido…”[2] Pero también, en carta del día 27 de junio de ese mismo año,   Buelna había pedido a Vega un pequeño pero gran favor: “Uno de los medios que propongo a usted es que venga a esta capital cuatro o cinco días antes del domingo 12 de julio venidero, día en que se verificarán las elecciones del estado. Su presencia me servirá de mucho, me dará conocimiento con varias personas que necesito, hablará a otras, y en suma pondrá en movimiento toda la masa del pueblo, y esté usted seguro que amilanados como están estos señores, perderán entonces todo prestigio, y recibirán un desengaño…”[3]

El licenciado Eustaquio Buelna es considerado uno de los más grandes historiadores de Sinaloa. En 1884, por encargo del gobierno del estado hizo publicar su libro Breves Apuntes para la Historia de la Guerra de Intervencion en Sinaloa en el que se dedica a narrar los principales acontecimientos sobre la Invasión Francesa en suelo sinaloense, pero también cuestiona acremente el proceder de Vega Daza tanto como gobernador, como enviado del Supremo Gobierno.

Plácido Vega murió en Acapulco, Guerrero, el 4 de enero de 1878; mientras que Eustaquio Buelna, murió en Culiacán, Sinaloa,   el 30 de abril de 1907. Sin embargo, la muerte fue incapaz de aplacar el resentimiento que Buelna sentía por el general nativo de El Fuerte. Póstumamente, en 1924, el Departamento Editorial de la Secretaría de Educación le publicó el libro  Apuntes para la Historia de Sinaloa 1821-1882. En esta  nueva obra, respecto al general sinaloense, Eustaquio Buelna dejó escrito:

 "1863… Mayo15. Por este tiempo don Plácido Vega volvió de México, habiendo dejado las fuerzas de Sinaloa al mando del general Porfirio Díaz, siguiendo la campaña contra los franceses, y se embarcó para San Francisco, llevando la comisión de comprar armas con dinero que recibió de la aduana de Mazatlán. Esta comisión fue ruinosa para la República como se verá después.

Destruido el ejército del centro en la batalla de San Lorenzo, don Plácido se vino, dejando el mando de la brigada, con una comisión que obtuvo del Gobierno federal para ir a contratar armas a San Francisco, a donde llevó gruesas cantidades de la aduana de Mazatlán. No cumplió con su comisión; parece que malgastó el dinero; pero cuando comprendió que acababa la guerra de intervención, trajo algunas armas que desembarcó en Agiabampo y que le quitó Correa, de orden de Corona; fue a Chihuahua a dar cuenta al Gobierno General, que no pudo  rendir; siguió hasta Durango en calidad de preso y de allí se fugó. Anduvo aventurando y cuando éste fue derrotado en Guianamota, se escapó del lado de Lozada, llevándose, según dicen, el  dinero de la tropa. Desde entonces vivió oculto en el Estado de Chihuahua y en Tejas, hasta que, con motivo de haber subido al poder don Porfirio Díaz, llegó a México y fue a morir a Acapulco el 4 de enero de 1878".[4]

Con su pluma y papel Eustaquio Buelna ha sido para Plácido Vega el peor de todos sus detractores; él ha sido su enemigo intelectual, el fundador del oprobio post mortem que persigue al general sinaloense. Las aseveraciones del historiador de Sinaloa, carentes de prueba alguna y, sobre todo, de imparcialidad, son  como una daga traidora clavada en la espalda de Vega Daza. Hasta la fecha sus palabras sobre éste plasmadas en ambos libros han constituido cosa juzgada y han sido tomadas al pie de la letra por la mayoría de los estudiosos de la Historia de Sinaloa y de México, quienes las transcriben sin objeción o reflexión alguna.

Establece Eustaquio Buelna: "Destruido el ejército del centro en la batalla de San Lorenzo, don Plácido se vino, dejando el mando de la brigada, con una comisión que obtuvo del Gobierno federal para ir a contratar armas a San Francisco, a donde llevó gruesas cantidades de la aduana de Mazatlán." Por la razón que sea, el historiador sinaloense omite el papel que jugó la Tercera División, al mando de Plácido Vega, en la señalada Batalla de San Lorenzo. Además,   la realidad es que Plácido Vega no "se vino", sino que acató la orden que le había sido dada por el gobierno de Benito Juárez de trasladarse a Mazatlán. La misión, como señala Buelna, sí era ir a San Francisco a conseguir no sólo las armas, sino después también recursos económicos y mercenarios que pelearan en contra de los franceses. El general llevaba con él,   cierto, una suma de dinero y aun documentos cobrables provenientes de la Aduana de Mazatlán.

"No cumplió con su misión;" miente el historiador de Sinaloa y, desconociendo u omitiendo las vicisitudes que pasó el militar sinaloense para lograr su cometido, se aventura a decir "Parece que malgastó el dinero;" A decir verdad, las cuentas comprueban que  durante su misión, en San Francisco,   Plácido Vega no malgastó el dinero que obtuvo, sino que lo aplicó de acuerdo con las instrucciones que había recibido.

Buelna luego asevera “cuando comprendió que acababa la guerra de intervención, trajo algunas armas que desembarcó en Agiabampo y que le quitó Correa, de orden de Corona.

El historiador mocoritense parece insinuar que Vega temía  la guerra, aunque en realidad el fuertense era un hombre, un militar que no le tenía miedo a tales combates. Al contrario, anhelaba estar en el campo de batalla defendiendo a su patria de los franceses. Si antes de partir a San Francisco pidió que se le relevara de esa misión aduciendo que serviría más a la patria como soldado que como comprador de armas, tres semanas antes de que Mazatlán fuera tomado por las fuerzas francesas, el día 22 de octubre de 1864, todavía con la ilusión de que le serían devueltas las armas que le habían sido decomisadas, escribió una carta a Matías Romero diciéndole: "...Con desesperación espero se sirva contestarme el mensaje, para conocer mi situación, recordando a usted que una orden privada por el telégrafo, favorable como le dije en él me da tiempo de desembarcar antes que Sinaloa y Sonora sean bloqueados, y con estos elementos no nos toman ni una plaza, ..." Un testimonio más de la valentía y deseo de Plácido Vega de  luchar en suelo mexicano  contra el imperio Mejicano y los franceses nos es brindado por Leandro Cuevas, quien de Vega señala: anhela volver al territorio mexicano a continuar la campaña en defensa de la independencia."[5] Aún más, Cuevas establecía: "Si se tratara únicamente del c. general Plácido Vega no me tomaría la libertad de entrar en estos pormenores, no obstante que siempre he juzgado acreedor a toda consideración al que ha dado hasta aquí pruebas de buena fe, patriotismo, constancia y desprendimiento, a pesar de las reiteradas instancias de los franco-traidores para reducirlo y atraérselo con promesas muy halagüeñas para el que no tenga, como él tiene, honor y principios, y a quien creo, en cuanto a su comisión dispuesto a dar cuenta histórica y justificada de todos sus actos, inversiones y  obligaciones.[6]" 

En una de sus cartas el militar sinaloense decía al gobernador de Durango: ”…el objeto principal de mi venida ha sido para desempeñar algunos asuntos de importancia que me ha confiado el c. presidente  por esa razón no he querido encargarme de la administración de este estado, dejándola como hasta hoy en las dignas manos de c coronel Jesús García Morales y tan luego como concluya con el desempeño de la comisión que tengo entre manos estoy pronto para volver a al campaña a donde seguramene tendré el guso de volver a encontrarlo y participar juntos de los trabajos y peligros de la guerra”.[7]  En estos mismos términos envió otra carta al general Porfirio Díaz el 15 de ocubre de 1863.

En lo que respecta al sitio del desembarque, es el propio general sinaloense quien desmiente al historiador Buelna señalando que no desembarcó en Agiabampo, que sirve de límite a los estados de Sinaloa y Sonora, sino  kilómetros al sur, en Boca de las Piedras, muy cerca de la desembocadura del Río Fuerte, en  Sinaloa. El lugar exacto del desembarque hace una total diferencia, ya que este estado  si bien era gobernado por Domingo Rubí era controlado plenamente por Ramón Corona. Aunado a ello, Buelna omite señalar, por ignorancia o deliberadamente,   que los mercenarios contratados por Vega arribaron en dos barcos.

Asevera el exsecretario de gobierno que las armas que traía le fueron quitadas al general sinaloense por "Correa, de orden de Corona". Con esto  de nueva cuenta el prestigiado historiador sinaloense se aparta de la verdad ya que Plácido Vega simplemente acató la orden que le había sido dada  por los ministerios de relaciones exteriores y gobernación y por el de guerra, en el sentido de entregar dicho armamento a su enemigo, el jalisciense Ramón Corona.[8]

Más adelante, Buelna establece con veracidad que Plácido Vega "fue a Chihuahua a dar cuenta al Gobierno General".  En efecto, el general sinaloense cabalgó con sus hombres rumbo a El Fuerte, Choix y de ahí pasó a Chihuahua a rendir cuentas previas de su comisión directamente al presidente Benito Juárez. Y así lo hizo. Aunque luego Buelna asegura:  "que no pudo  rendir",   pero  según el propio general sinaloense sí las rindió y asevera "Por todo ello merecí la más satisfactoria aprobación del C. Presidente"[9]

"Siguió hasta Durango en calidad de preso" enseguida establece Buelna. No obstante, el propio general nativo de El Fuerte lo desmiente señalando que "Al emprender el Supremo Gobierno su salida de Chihuahua, me presenté al c. Presidente, con objeto de que me impusiera las órdenes que le ocurrieran con respecto a mi persona; y en aquel acto me dijo que nos dirigiríamos a Durango. Le indique las dificultades que pulsaba para salir ese mismo día y resolvió que lo ejecutara cuando pudiera."[10] Días después Plácido Vega siguió los pasos del presidente Benito Juárez y llegó a Durango, donde de nueva cuenta se entrevistó con éste y con el ministro de Guerra,   poniéndose a su disposición. Salió el gobierno del presidente Benito Juárez de Durango y ahí quedó el general sinaloense mas no en calidad de preso como asegura Buelna, sino que fue a ponerse a disposición de ese gobierno estatal.[11]

Más adelante, Buelna arremete de nuevo contra el general Vega Daza, cuando respecto a su administración como Gobernador asegura:  "Todo el año 62 se empleó en aprestos militares para despachar a México, junto con el de Sonora que estaba allí, el contingente de fuerzas con que debía contribuir Sinaloa a la defensa nacional; pero las lentitudes del Gobernador Vega impidieron su más pronta remisión.

Don Plácido no volvió más a ocupar la silla del Gobierno. Fue el Gobernador más absoluto, un dictador con las facultades que le daba la situación anormal del país. Auxilió a otros Estados con tropas y recursos, derrochó la hacienda federal y la del Estado, no dejó en éste más que memorias de asesinatos cometidos por sus agentes. Hizo importante el nombre del Estado; pero reprimió las garantías de los ciudadanos. En su tiempo se edificó la Aduana Marítima. 

Fue el Gobernador que más abusó de la leva; constantemente venían de los distritos largas partidas de 'voluntarios' amarrados.  Este Gobernador era casi invisible, raras veces asistía a la casa de Gobierno  a despachar los negocios; se vivía escondido en el cuartel o en casas de humilde condición donde recibía sólo a las personas  de su intimidad y despachaba los negocios que quería. Se  vieron casos de haber llamado personas de los distritos para algunos negocios y tuvieron que volverse después  de algunos meses de no haber podido hablarle. No había casi Gobierno; toda su política era tener correspondencia con infinidad de personas, aun de la más baja esfera, y por cartas dirigía la política del Estado.

Gozó de prestigio mientras pudo usar facultades extraordinarias; pero estando en pleno orden constitucional, cometía frecuentes atentados e irregularidades, acostumbrado, como se hallaba, a los procedimientos arbitrarios y despóticos"[12] 

En otra parte de su obra, respecto a la caída de Jesús García Morales, el historiador mocoritense ataca de nuevo a Vega Daza señalando: “…por último fue hecho prisionero el sr. García Morales al dirgirse al muelle para embarcarse, pero inmediatamente fue puesto en completa libertad, tratándosele con las mayores consideraciones, y se retiró a Sonora, su patria, desapareciendo al propio tiempo los favoritos que le había dejado la administración de don Plácido Vega y que le habían captado el desdén del pueblo.”[13] Sin embargo,  el cónsul de Estados Unidos en Mazatlán,   Benjamín Carman, contradice en parte la versión de Eustaquio Buelna al aseverar: “Han llegado rumores de que los mexicanos están peleando entre  ellos mismos. Un encuentro ocurrió entre el gobernador Rosales y Patoni, exgobernador de  Durango, quienes contienden por la gubernatura de este estado. Mientras que Morales, exgobernador de este estado, también tiene fuerzas en la vecindad  para sostener sus derechos sobre  dicho puesto.“[14]   

Buelna parece olvidar, u omite a su conveniencia, que la leva era un procedimiento común del Ejército Mexicano en el Siglo XIX. Edward Vischer dio cuenta como en 1842 expresidiarios de Jalisco llegaron a Mazatlán para unirse forzosamente al Ejército.[15] Con Plácido Vega ya en San Francisco, el ejército mexicano en la plaza de  Mazatlán se componía  de la siguiente forma: “Las tropas ahora en la plaza son de unos 2 000, de las cuales dos terceras partes son voluntarios –es decir que fueron atrapados y traídos a la ciudad, y puestos en su destino con resignación hasta que se presente la oportunidad de cambiar de base, que no es muy seguido ya que son vigilados durante el día y encerrados por la noche”[16] La señora estadunidense Wyman dejó su testimonio de que aún después de concluida la guerra, se continuaba con este procedimiento.[17]

A decir verdad resulta imposible conocer las causas inmediatas o remotas que llevaron a Buelna a  este linchamiento intelectual de Plácido Vega. Tal vez en esto haya influido el desacuerdo entre ambos personajes por unificar sus movimientos a favor de la Constitución de 1857. Aunque, causa decisiva para la existencia de este  resentimiento, de esta inquina,   son los hechos acontecidos el día 11 de enero  de 1862; día crucial en la vida del general sinaloense. El propio historiador  en el citado segundo libro dejó escrito lo siguiente: "1862. Enero 10.- El Gobernador Vega solicita se nombre un gobernador sustituto, supuesta la ausencia del viceGobernador, para el caso de que el Gobernador constitucional  saliera a campaña; en cuya virtud el Congreso aprobó proposición nombrando para tal encargo al c. licenciado Eustaquio Buelna, actual Secretario de Gobierno del Estado.”[18]

Al enterarse de lo anterior, el gobernador Vega  remitió a su Secretario de Gobierno la siguiente carta:

 

"Cuartel de Artillería. Enero 11 de 1862.

Mi Estimado Amigo

Me he impuesto de su apreciable carta de esta fecha, y en contestación debo decirle que estoy dispuesto a recibir al señor Cueto a la hora que guste para arreglar los negocios sobre pagos. Desearía que si a usted le es posible, acompañara al señor Cueto para este asunto.

Respecto del asunto del señor Tostado sobre dinero en Tepic me ha sido imposible.

En cuanto al nombramiento de que me habla, hecho por el Congreso en la persona de usted para Gobernador Sustituto, lo celebro mucho pues mi objeto al iniciar tal medida al Congreso fue para salvar la situación en el caso no remoto. Pero al sentirse que en usted concursan las mismas circunstancias que en los señores Angulo y Río, quienes por haber desertado del Congreso General no están hábiles para desempeñar empleo ninguno público; cuya noticia que hoy mismo con sorpresa he sabido, la siento por el deber en que me hallo constituido de cumplir las leyes de igual  naturaleza.

Plácido Vega."

Pero la carta no terminó ahí, sino que el mandatario estatal abrió un nuevo párrafo para reiterarle a su secretario y amigo:

"Deseo que cuanto antes dediquemos una hora para hablar sobre el punto de mi último párrafo; así es que espero me la indicará usted para estar a sus órdenes.

Plácido Vega."[19]

Eustaquio Buelna dejó escrita su respuesta a Plácido Vega en el multicitado libro:

Enero 14.- Se declara insubsistente la proposición en que se nombraba al señor Buelna Gobernador substituto del Estado, dándose por razón que había abandonado su puesto en el Congreso de la Unión, y se nombra en su lugar al c. Fortino León para que ejerza el poder ejecutivo en las faltas temporales del Gobernador Constitucional.

No agradó al señor Vega que su substituto fuera el señor Buelna, e influyó con sus amigos en el Congreso para la revocación del nombramiento, por cuyo motivo este señor renunció a la Secretaría y se retiró a la vida particular.[20]"

El gobernador Vega no consintió que aquellos “síntomas de una verdadera amistad” que Buelna  argüía lo colocaran por encima de la ley. Entonces aquella incipiente amistad se transformó diametralmente. Cuando Plácido Vega regresaba a Mazatlán comisionado por Benito Juárez para la compra de armas en San Francisco, el historiador de Sinaloa escribió a Joaquín de la Vega lamentando dicho retorno y celebrando  la segunda intentona de Antonio Rosales.[21] 

En carta del 6 de febrero de 1862, a destiempo, Vega consultó al presidente Juárez “A mi vuelta de Sonora me encontré a los Diputados del Estado en Mazatlán, que sin licencia del Congreso se vinieron de esa capital. Espero que usted se servirá decirme si debo hacerlos volver dándoles los recursos necesarios o puedo aprovecharme de los servicios de alguno sin que aparezca que desempeña ningún empleo por estar expresamente prohibido por la ley.”[22]  El 5 de abril siguiente el presidente le respondió “Sería conveniente que suministrara usted los recursos necesarios a los diputados que se hallan en esa para que vengan a cumplir con su deber en el seno del Congreso”[23]

Poco años después el historiador de Sinaloa ocupó la silla que ansiaba, la del gobernador del estado. Sin embargo, el 8 de noviembre de 1871 el general Porfirio Díaz proclamó el Plan de La Noria en contra del gobierno de Benito Juárez. Nueve días después, 17, en Culiacán el coronel Adolfo Palacio secundó el pronunciamiento de Oaxaca obligando al gobernador Buelna a huir a Sonora para quedar bajo la protección de Ignacio Pesqueira. Fue durante este período cuando tuvo lugar un suceso protagonizado por el mocoritense que prácticamente lo iguala a las descripciones que él hace de Plácido Vega: “El gobernador, (Ignacio Pesqueira) sin embargo, ignoró las críticas. Cuando los eventos en Sinaloa de nuevo amenazaron a Sonora demandó que los oficiales federales en Guaymas le adelantaran fondos, enviando al gobernador Buelna al puerto para colectarlos. En Guaymas Buelna actuó arbitrariamente, forzando al director de la aduana, Adolfo Carsi, a clarear  la carga de un buque con una tasa de importación más baja que la legal. Pesqueira aprobó esta acción para prevenir que los porfiristas colectaran las rentas en Mazatlán. Por supuesto que los empleados federales protestaron y fueron puestos en prisión por Buelna.”[24] 

Pero Eustaquio Buelna no fue el único vetado por Plácido Vega, también lo fue, como el propio general menciona en su carta al historiador, el licenciado Jesús Río. Este representante tampoco quedó a gusto con el veto ejercido por el gobernador y en entrevista con Benito Juárez y el secretario de gobernación les pidió encarecidamente no permitiesen la vuelta de Vega a Sinaloa.[25]

 

[1] La Integridad Nacional. Mazatlán. 16 de enero de 1858.

[2]Plácido Vega Papers. 1855-1864.  Dept. of Special Collections, Stanford University Libraries, Stanford, Calif.  (En adelante referido sólo como PVP) Concepción Urrea a Plácido Vega.

[3] PVP

[4] Buelna, Eustaquio. Apuntes… p. 73

[5] PVP.  Leandro Cuevas a Matías Romero. San Francisco. 4 de noviembre de 1865.

[6] Ídem.

[7] PVP.  Plácido Vega a José María Patoni. Mazatlán. 24 de septiembre de 1863.

[8] Gámez, Miguel N. Et al.  Op cit  p. 3

[9] Vega, Plácido. Plácido Vega da Cuenta al  Gobierno de la Republica Mejicana Sobre la Comision que le fue Conferida al Exterior. Tepic. 1867.

[10] Ídem.

[11] Ídem.

[12] Buelna, Eustaquio. Apuntes…  p.71

[13] Buelna, Eustaquio. Breves Apuntes… pp. 45-46

[14] U. S. Department of State. Despatches of U. S. Consuls from Mazatlán 1826-1928. Benjamin Carman a W. H. Seward. Mazatlán. 12 de enero de 1865.

[15] Vischer, Edward. Edward Vischer´s First Visit To California. Traducido al inglés por Erwin Gustav Gudden. San Francisco. 1940.

[16] Daily Evening Bulletin. San Francisco. 5 de mayo de 1864.

[17]Wyman, M. B. En Presidio en Tiempos de Guerra. The Overland Monthly. Vol. V. (5) 1870. pp. 455-460.

[18] Buelna,  Eustaquio. ApunTes…  p. 68.

[19] PVP.

[20] Buelna,  Eustaquio. ApunTes…  p.68.

[21] PVP. Francisco Ferrel a Plácido Vega. Mazatlán. 8 de mayo de 1863

[22] PVP.

[23] Ídem.

[24] Acuña, Rodolfo F. Op cit. p. 113

[25] PVP. Francisco Cortés a Plácido Vega. Mazatlán. 14 de mayo de 1863.


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Antonio Lerma Garay (105 noticias)
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