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Las aves

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15/01/2021 15:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Alégrate la vida no todo es preocupación

Posadas sobre una rama, entre el verde y aterciopelado follaje de un frondoso árbol que crecía en el bosque, charlaban dos avecillas: un canario de plumas sedosas y un gorrión vivaracho.

-¿De donde vienes? – preguntó el gorrión.

-Vengo de la ciudad- respondió el canario.

-Debe estar muy lejos la ciudad, pues veo que estas muy cansado, como si hubieras realizado un larguísimo vuelo.

-Así es; no tengo más fuerzas, y eso que he descansado muchas veces.

-¿Qué hacías en la ciudad?

-Estaba prisionero en una jaula de la cual me escapé.

-Crueldades de los hombres- comentó el gorrión-; cautivan a los pájaros como se subyugan entre sí. Y dime, ¿Cómo vive la gente en la ciudad?

Entonces el canario habló así al gorrión.

-Mucho puedo contarte al respecto, pues estuve en dos hogares: al principio en el de un humilde obrero y después en el de una familia riquísima.

En la casa del obrero, a cada momento se escuchaban quejas e imprecaciones en contra del estado de cosas reinante.

Especialmente a fines de semana, cuando ya el dinero cobrado en la fabrica el sábado anterior se iba agotando.

Alegrarse es bueno para el corazón

La mujer estaba todo el día atareada en los quehaceres domésticos, sin disfrutar de un rato de reposo; los niños carecían de ropa; a veces – ¡que lastima me daban!- partían para la escuela sin haber desayunado nada; el hombre llegaba por las noches, cansado por el arduo trabajo de la fabrica.

Lo que mas coraje me daba, era ver desde la ventana donde estaba suspendida mi jaula, el pasar por la calle de automóviles con mujeres lujosamente arregladas, cubiertas de pieles costosas, adornadas con valiosas joyas; y el transitar de señores trajeados también con lujo, demostrando vivir en la opulencia, mientras en el hogar de mis dueños y en el de miles de obreros, imperaban la miseria, el hambre, la injusticia y el dolor.

Todas las personas de aquella casa eran de corazón noble y generoso, siempre me cuidaron con empeño y nunca me dejaron sin alimento. Agradecido por esto, cantaba gustoso todos los días para agradecer a mis dueños su bondad, no obstante hallarme preso.

Cierta vez, mi dueño llego indignado porque lo habían despedido de la fabrica; el patrón, poniendo de pretexto que tenia muchos obreros de sobra y que los

productos elaborados no se vendían y por esa razón lanzo a la calle a muchos obreros.

La desesperación y la miseria llenaron entonces de tristeza el hogar en el que me encontraba, sobre todo, porque fue inútil que el hombre buscara otra ocupacion.


Sobre esta noticia

Autor:
Dambaralet (2 noticias)
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Tipo:
Opinión
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