El 26 de noviembre de 1922, dos hombres muy nerviosos estaban frente a un pasaje de rocosas paredes, abierto en la piedra caliza de los acantilados del valle de los Reyes, Egipto. Tenían enfrente una puerta sellada, hacia más de 3.300 años, según lo que ellos creían. Al otro lado de esa puerta les estaba esperando un tesoro que era más grande que todo lo que habría podido soñar un hombre, o tal vez, una pieza vacía.

Estaban allí el arqueólogo Howard Carter y su compañero, Lord Carnarvon, su patrocinador. Hombre de mucha cultura y también de mucho dinero. Carter comenzó a agrandar un agujero que le hiciera a aquella puerta para que los dos pudiesen mirar adentro de la tumba. Entonces la linterna ilumino una cámara de color rosado, más o menos de unos 8 metros de largo por 3, 5 metros de ancho. Las primeras cosas que pudieron ver fueron cuatro grandes lechos tallados con la forma de unos animales increíblemente largos y con unas enormes cabezas, todas recubiertas de oro. Un poco más allá había dos estatuas de hombres de color negro y a escala natural, que parecían custodios a ambos lados de otra puerta también sellada.
Adonde apuntara Carter con su linterna iba descubriendo mas maravillas. Cofres de oro con piedras incrustadas, jarrones, sillas hermosísimas, instrumentos de música, un trono de oro, de una enorme magnificencia, carrozas volcadas, y muchos otros objetos igualmente dorados. Aparecían detalles curiosos, como una olla llena de argamasa para el sellado de las puertas, y una huella que había dejado un esclavo al probar una pared recién pintada.
Esa cripta era un lugar en donde el tiempo había quedado atrapado, por milenios, y mostraba parte de la vida común de Egipto de hacía mas de 3.350 años.

El egiptólogo estadounidense James Breasted dijo de este hallazgo, que era el más importante que se hubiera realizado en cualquier parte del mundo en toda la historia de la arqueología. El tesoro mismo puede conformar la máxima concentración de riquezas que se halla podido encontrar nunca, y durante diez años se trabajo para su clasificación y transporte hasta su lugar actual, el Museo Egipcio de El Cairo.
Esta magnifica tumba, esta unida por cuatro salas escavadas a cincel en las paredes del acantilado, y estaba casi intacta, ya que por algunos indicios, algunos ladrones la habrían visitado al poco tiempo después de celebrados los funerales. Se encontraron algunas piezas como joyas tiradas en el piso, lo que demuestra que los visitantes fueron sorprendidos antes de que llevaran a cabo el saqueo, y a raíz de esta situación la tumba fue nuevamente sellada. La cámara funeraria, por el contrario, se encontraba intacta, y era allí en donde estaba la parte mas grande del tesoro, con un juego de tres sarcófagos, de los cuales uno era de oro macizo. Era en este en que descansaba el cuerpo, delicado y pequeño de Tutankamón , el que tenia solo 18 años cuando murió. Con el rostro cubierto con una gran mascara de oro que tenia un aspecto triste, pero sereno.
En 1922 todo el mundo se volvió loco con el rey Tutankamón, un ejército de corresponsales invadió el lugar de las excavaciones
Tenia el cadáver un collar de semillas y flores, que según los estudiosos, se lo debió colocar Ankhesnamen, su reina niña, pocos momentos antes de cerrar el sarcófago. Y en las paredes, pintado un mural, en que aparecía Tutankamón en medio de los dioses que le daban la acogida entre los muertos.

En 1922 todo el mundo se volvió loco con el rey Tutankamón , un ejército de corresponsales invadió el lugar de las excavaciones, en las cercanías de Luxor, la nueva y moderna ciudad construida donde estaban las ruinas de la antigua Tebas, a unos 720 kilómetros al sur de El Cairo. El sitio se lleno, además, de turistas, recorriéndolo todo como unas hormigas ansiosas después de haber encontrado un cerro de azúcar.
Y todavía, aunque existen tumbas más grandes, majestuosas y esplendidas que poder mirar, es la de Tutankamón la que sigue siendo la de mayor atracción. El expectante relato de este hallazgo nunca habrá de perder su encanto, y siempre se han estado editando libros que abundan en más detalles maravillosos.
Pasados cinco meses desde su descubrimiento Lord Carnarvon falleció repentinamente. Su muerte dio lugar a una leyenda que hablaba de la maldición del Faraón. Y según lo que relataban los periodistas, había una inscripción, que se habría encontrado después del descubrimiento, en la tumba de Tutankamón , que decía que la muerte seria sorpresiva para quien osara tocar las cosas sagradas de mausoleo. Carnarvon era así la primera de las victimas de la milenaria maldición. Carter negó todo lo referente a este mito, con decisión y energía, y lo sostuvo durante los 16 años siguientes. Pero, para complicar su vida, unos doce hombres vinculados a las excavaciones de la tumba fallecieron en el transcurso de solo siete años. De esa forma, la leyenda llego a formar parte fundamental del maravilloso relato del rey Tutankamón . Pero eso es ya otra historia.

David Crownover, miembro del Museo de la Universidad de Pensilvania comentó después que como Faraón, Tutankamón no fue muy importante, ya que era solo un muchacho de 18 años que reino solo 10. Pero como objeto de leyendas y mitos, es más importante que Ramses el Grande, con sus magníficos templos portentosos, sus esposas y sus miles de hijos.
Esta magnifica tumba, esta unida por cuatro salas escavadas a cincel en las paredes del acantilado
Nunca podrá volver a aparecer algo similar al rey Tutankamón .