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La izquierda y los derechos humanos

20/11/2013 14:34 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Ver a la izquierda defendiendo los derechos humanos me resulta como ver a Hanibal Lecter ejerciendo de Ministro de Justicia. Es un cambio radical en la estrategia de la izquierda. La memoria que guardo de la izquierda empieza en mis días de universitario. Grupos de jóvenes que repentinamente interrumpían las clases para corear siempre con el puño en alto consignas contra el imperialismo. Un dirigente aullaba su mensaje escupiendo amenazas a la oligarquía, a las transnacionales, a los terratenientes, a los grupos de poder, etc. Ya saben. siempre el mismo cliché y las mismas palabrejas como "enquistados", "explotadores", "lacayos", "revisionistas", etc. Simulaban ilustración y sabiduría citando el marxismo-leninismo, a veces era el maoismo y otras el troskismo. Pero todos sin excepción anunciaban la llegada inevitable de la revolución, la guerra popular, el inicio de la lucha armada y la instauración de la dictadura del proletariado que nos traería justicia y felicidad.

Yo me preguntaba entonces dónde estaban esas masas de las que hablaban estos profetas del apocalipsis, dónde estaban los campesinos y los obreros con los que pensaban hacer la revolución. Conocía de memoria la sierra y nunca había visto nada ni remotamente parecido a una revolución. Por el contrario, el gobierno militar había repartido las tierras luego de confiscarlas a sus legítimos propietarios, aunque las grandes haciendas quedaron en manos de una burocracia estatal, especies de cooperativas o empresas asociativas que fracasaron irremediablemente, aunque el Estado las mantuvo vivas absurdamente por unos 20 años. De modo que nunca pude explicarme el delirio de estos jóvenes exaltados de la izquierda universitaria. El progre de izquierda era un personaje de tira cómica. Nunca creí en su discurso. Bastaba verlos para darse cuenta que eran unos lunáticos. Un análisis apenas superficial del marxismo revelaba sus falencias clamorosas con la realidad. Por último, los modelos comunistas vigentes no parecían estar funcionando desde que la gente hacía lo posible por escapar de allí. Definitivamente estaban equivocados.

Pero unos años después, en mayo de 1980, en efecto, se inició la tan mentada guerra popular. El problema es que no tenía nada de guerra ni de popular. Eran actos aislados de asesinatos salvajes y sabotajes que calificaban como terrorismo, simple y llanamente. Tampoco tenía nada de revolucionario y mucho menos de glamoroso y soñador, como pintaban las guerrillas de los 50 y 60. Más aun, el mundo ya estaba cambiando. En China había muerto Mao Tse Tung y sus delirios y locuras fueron prontamente reformadas por la nueva administración. Rusia se había encaminado por el Glasnot y la Perestroika que conducirían en menos de una década al fin de la poderosa URSS y sus satélites, ocasionando el desplome del comunismo mundial. No obstante en el Perú una banda de lunáticos llamada Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso todavía asesinaba y dinamitaba en nombre de la revolución proletaria.

Frente a los hechos toda la izquierda peruana guardó silencio cómplice. Los que llegaron al Congreso por los votos parecían hallarse en la encrucijada porque eran parte del "sistema podrido" que pretendían dinamitar. Muchos de esos líderes admitieron públicamente que asumían "la farsa electorera para hacerle el juego a la burguesía". Eran infiltrados comunistas en el Estado. El papel de estos diputados y senadores fue vigilar y cuestionar las disposiciones de lucha contraterrorista del Ejecutivo y cuestionar el accionar de las FFAA. Los jefes militares eran permanentemente llamados, investigados y enjuiciados. En ocasiones era cierto que los militares cometían excesos. Después de todo, el nivel de insanía a la que había llevado la confrontación Sendero Luminoso, empujó a los soldados a responder del mismo modo. Cuando se inicia el fuego del infierno cualquier cosa puede suceder, y siempre será tenebroso.

Fue en ese escenario cuando la izquierda empezó a hablar de derechos humanos. La nueva Constitución promulgada en 1980 incorporaba al Perú en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos reconociendo la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. A partir de allí se abrieron las puertas para que cualquiera acuse al Estado de violar los DDHH, dado que esta Corte solo ve causas en contra de los Estados, pues fue creada para proteger a las poblaciones civiles de los abusos de los estados totalitarios. Su inspiración surgió de la Corte de Nüremberg y se fortaleció con el descubrimiento de los horrores del comunismo en la URSS y en China, así como en Camboya y otros lugares. En Latinoamérica se dieron casos de países enteros capturados por dictaduras crueles y corruptas como en República Dominicana y Nicaragua. Adicionalmente en la mayoría de países habían surgido dictaduras militares para contener el accionar de las guerrillas comunistas impulsadas desde Cuba. Eran pues escenarios diferentes.

En el Perú las cosas transcurrieron al revés. Acá hubo en los 70 una dictadura militar de izquierda que favoreció a los grupos marxistas dejándolos crecer y multiplicarse libremente en las universidades y en los sindicatos, principalmente en el magisterio. Luego la violencia terrorista y guerrillera del PCP-SL y del MRTA sucedió durante una nueva democracia que se iniciaba con grandes ambiciones, inspirada en una nueva Constitución de corte progresista. El Estado se vio obligado a responder la violencia con violencia. Fue en este escenario convulso cuando los líderes de izquierda vieron la oportunidad de maniatar al Estado llevándolo a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Así fue como se dio el cambio radical de estos líderes de izquierda desde el activismo de la guerra popular a la defensa de los derechos humanos a través de ONGs que empezaron a crearse con ese expreso propósito. De este modo el Estado peruano tuvo que defenderse del acoso izquierdista en el campo militar interno y en el campo jurídico internacional gracias al papel de las ONGs de DDHH.

Uno de los primeros grupos que abusó del derecho usándolo a favor de quienes violentaron la ley y el Estado de derecho fueron los llamados "Asociación de Abogados Democráticos", un anticipo de las ONGs de DDHH que luego empezarían a surgir como hongos en el prado. Dicha asociación era un frente legal de Sendero Luminoso dedicado a la defensa de los terroristas que eran capturados. No fue difícil darse cuenta que las normas y cortes internacionales de DDHH serían sus mejores aliados, en especial para detener las condiciones extremas de carcelería impuestas. Los juicios en contra no solo del Estado sino del presidente Alan García por casos como los de El Frontón, actuaron como disuasivo legal hasta que los penales quedaron a merced de Sendero Luminoso. Todavía se ventilan juicios contra el Estado en la CIDH como los que promueve la senderista Mónica Feria Tinta.

La labor de la izquierda en el campo de los derechos humanos fue un paso natural a partir de estas ONGs creadas estratégicamente en los 80 para ocuparse de la defensa legal de sus miembros capturados por las fuerzas del orden, o para conseguir reparaciones para sus familiares cuando habían sido ejecutados. Y de hecho fue así también como estas ONGs iniciaron su contacto con el ambiente judicial del que ahora son casi un apéndice oficioso. Una cosa llevó a la otra, hasta que el terrorismo fue definitivamente derrotado y las ONGs tuvieron que asumir un nuevo rol, siendo el principal desmontar todo el sistema jurídico diseñado por Alberto Fujimori precisamente para enfrentar con éxito al terrorismo.Lo hicieron apenas cayó Alberto Fujimori, y cuando un nuevo gobierno les abrió las puertas a los miembros y dueños de estas ONGs.

Para entonces las ONGs tenían una década de acción y estaban muy bien organizadas. Muchos miembros de izquierda que perdieron protagonismo político ante el accionar de Sendero Luminoso pretendieron darle una "batalla ideológica", tarea obsesiva en la izquierda. Dejaron de lado sus micro agrupaciones políticas y se sumaron a los cuadros de escribientes que desarrollaban sesudos análisis de la violencia política desde la academia o una ONG. Para inicios de los 90 y tras la derrota de Sendero Luminoso y el MRTA lo que quedaba de la izquierda era básicamente un frente amplio de ONGs muy activas de diverso cuño. Aunque el mayor protagonismo político fue ganado por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, buque insignia y madre nodriza de todas las ONGs de DDHH de izquierda.

La máxima obra de estas ONGs de izquierda fue montar la Comisión de la Verdad y Reconciliación, obra del ilustre abogado Diego García-Sayán, dueño de la ONG llamada "Comisión Andina de Juristas" cuya labor principal es precisamente la asesoría en DDHH. Integraron esta CVR connotados líderes de izquierda revolucionaria de viejo cuño, incluyendo amigos y compañeros de Abimael Guzmán, ni más ni menos. Por si fuera poco, la integraron miembros de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. No hace falta decir el tono que tuvo el informe de dicha Comisión, pero lo más importante es que consolidó el discurso de los derechos humanos como propiedad de la izquierda, convirtiéndola en sinónimo de antifujimorismo. El informe final de la CVR condena al Estado y a las FFAA colocándolos al mismo nivel de los grupos terroristas, aunque menciona que en el caso del Estado el asunto es más grave por su misión de protección de la sociedad. Es decir, el Estado acabó siendo el terrorista. Ese es el enfoque de los derechos humanos.

El panorama actual, luego de la derrota de Sendero Luminoso y del MRTA por parte de Alberto Fujimori, y la posterior caída de Alberto Fujimori y la derrota del fujimorismo por parte de la izquierda oenegienta de derechos humanos, es que el asunto de los DDHH sigue siendo propiedad de la izquierda y herramienta de lucha contra el fujimorismo. Ese es el rol central de los DDHH por ahora y se saca a relucir cada vez que hace falta. La principal bandera de la CNDDHH es defender el informe de la CVR y exigir el cumplimiento de sus recomendaciones, las cuales incluyen grandes negociados para las ONGs de DDHH como el desentierro de unas 18 mil fosas en todo el país para la identificación de restos. Tarea insulsa al cabo de 30 años que solo tiene sentido como negociado para las ONGs.

Habiendo superado la etapa de guerra popular y lucha contra el Estado, tanto en su forma militar como jurídica, la izquierda de nuestros días ya no recibe financiación de gobiernos comunistas, deseosos de formar cuadros de subversivos que los ayuden en la Guerra Fría combatiendo a los EEUU con esa cantaleta estúpida del antimperialismo. Ahora reciben financiamiento de ingenuas y no tan inocentes fundaciones que tienen diversos intereses. No importa cual sea. Siempre será posible emplear cualquier causa para seguir en el delirio mental del antimperialismo y el anticapitalismo. Así es como hoy las ONGs de DDHH acogen, por ejemplo, la causa de los pueblos indígenas para oponerse a las inversiones de todo tipo, incluyendo las obras del propio Estado para beneficio del país, tales como carreteras e hidroeléctricas.

Otra causa muy recorrida es la del medio ambiente, que también resulta ideal para los mismos fines. Total, lo que importa es seguir recibiendo la financiación. Luego es fácil dar el salto desde la ONG al partido político, y desde la lucha ambientalista a la campaña presidencial.


Sobre esta noticia

Autor:
Dante Bobadilla Ramírez (47 noticias)
Fuente:
liberalismoperuano.blogspot.com
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