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En el corazón no se manda, o el mundo de los cínicos

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10/10/2021 05:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Quién no ha escuchado más de una vez la frase: “En el corazón no se manda”, sin pararse a pensar en lo que encierra de cinismo y falsedad? Es el resumen perfecto para justificar el odio, la mentira y la falta absoluta de racionalidad

Vuelvo con la reflexión que ya en su día abordé en mi artículo “Alma, corazón, alquimia y confusión” desde la perspectiva de la filosofía y la literatura histórica.

Y es que viene a cuento hacerlo desde la perspectiva sociológica y del pensamiento dominante que cada vez más, conduce a la estupidez humana.

La usan de forma casi siempre inconsciente, aquellos que se enamoran y no encuentran explicación a sus sentimientos por falta de razones y de conocimientos.

Suele usarse para justificar la irracionalidad de la violencia en las parejas, la violencia de género, las violaciones y los sentimientos encontrados.

Detrás de esa frase se esconde la idea de que lo que sentimos es incontrolable, como el odio, el racismo, la violencia o la injusticia, eso que nace de nuestros sentimientos más bajos y de nuestra condición de animales evolucionados.

Y es aquí, en la evolución, donde no resulta admisible tal frase, es lo que le sirve de justificación a las bajezas y a las miserias humanas.

El cerebro es capaz de analizar y valorar los sentimientos en cualquier momento, siempre y cuando tengamos la voluntad de hacerlo, siempre y cuando tengamos el momento oportuno para valorar el porqué, de esos sentimientos, aparentemente incontrolables.

Esos sentimientos que no fueron educados en la infancia y que encontraron su mejor apoyo en la adolescencia, siempre impenitente ante el castigo, que al llegar a la madurez se justifican simplemente con que en el corazón no se manda.

Esta suerte de irracionalidad, es de la que hacen uso y abuso mujeres y hombres, para dar por bueno un comportamiento absolutamente irracional y salvaje.

Pero esta irracionalidad es la que lleva también al voluntarismo de los buenos sentimientos, esos que se desean con vehemencia pero que de nada sirven frente a la realidad, eso que conocemos como voluntarismo, ese voluntarismo, que se convierte en la otra cara de la consabida expresión al corazón no se le domina, en el corazón no se manda.

Hemos tenido que llegar al siglo XXI para establecer el delito de odio

Es la que vale para lo uno (el odio) y para lo otro (el amor ciego), la que explotan los gobernantes, los sacerdotes, las sectas…

El localismo, el nacionalismo, la exaltación de la raza, la defensa a ultranza de las costumbres, es, sin ir más lejos la fórmula mágica que desde tiempos inmemoriales se ha utilizado para manejar a las masas.

Lamento recurrir al tópico de Hitler, pero es en él, donde se concentran precisamente esas cualidades de exaltación de los sentimientos como valores incuestionables.

El amor a la patria, a la lengua, el orgullo nacional y el odio a lo diferente, el desprecio a los homosexuales, la justificación de la guerra… porque lo pide el corazón y es un sentimiento incontrolable.

El amor a lo conocido y el temor y el rechazo a lo desconocido, agazapado en otra frase irracional y muy usada como el vale más malo conocido que bueno por conocer.

Son estas simplezas elementales las que mueven a las masas y las que sirven para su manipulación, para manejarlas fácilmente, hurgando en sus instintos básicos, fuera de toda racionalidad.

En el corazón (los sentimientos), manda el raciocinio, manda la capacidad de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, so pena de enajenación (locura) temporal, que también se supera y que también debe invitar a la reflexión.

Los sentimientos, también se educan, aunque cueste mucho tiempo, véase sino lo que ha cambiado el mundo desde que los pueblos civilizados admitieron el matrimonio homosexual, buena prueba de que en el corazón manda la razón.

 

@ordosgonzalo

 

 

gonzalo   alvarez-lago   garcia-teiexiro

 

 


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