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Los Ancianos de Panamá: olvidados por el Estado

14/08/2007 13:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Agosto es el mes dedicado internacionalmente a los ancianos, esos seres angelicales olvidados por todos -con pocas excepciones, entre estas la Iglesia Católica- que lo único que piden es un poquito de amor y comprensión... Los ancianos son seres venerables, dignos de reverencia. En su época como ciudadanos económicamente activos aportaron, con patriotismo y sin egoísmos, toda su juventud, talentos, esfuerzos y energía -en sus lugares de trabajo, como jefes de familia, como padres y como ciudadanos- al engrandecimiento del país. La mayoría de ellos trajeron al mundo y educaron, según sus posibilidades, a los ciudadanos económicamente activos de hoy, desde los más humildes hasta los más encopetados.

Por lo anterior, resulta una acción verdaderamente irreverente, mezquina y barbárica, que deja mucho que desear del cumplimiento del Estado Panameño con el compromiso inalienable de solidaridad hacia todos los ciudadanos, regatear a estos maravillosos compatriotas -que merecen todo el respeto y consideración posibles de la sociedad en su conjunto- hasta las mínimas atenciones, facilidades, reconocimientos y ventajas que ellos, en su frágil y dependiente ancianidad, necesitan para poder vivir con calidad y tranquilidad. Partiendo de la jubilación, hasta la llegada inexorable de la ancianidad, la vida se les torna progresivamente difícil, hasta poco menos que imposible, a estos ciudadanos panameños. Todo se debe al inevitable proceso natural del envejecimiento, que trae consigo crecientes achaques y la disminución significativa de las capacidades físicas, mentales e intelectuales. Aquellos ancianos que tienen la dicha de contar con hijos, familiares o amigos nobles, conscientes y agradecidos, son atendidos con respeto, consideración y cariño. A los que no tienen esta suerte o no tuvieron hijos, la vida se les convierte en una horrenda pesadilla...

Al jubilarse, todos los panameños entran en una especie de categoría ciudadana que es percibida como de rango inferior. Ya no son jóvenes, ya no están "activos" (aunque continúan cotizando en el Seguro Social), ya no son sujetos a la mayoría de los créditos y préstamos y el monto de la pensión que reciben es de, apenas, poco más del 60 % del salario que recibían antes de la jubilación. Como si fuera poco, los incrementos a sus -ya de por sí- escuálidas pensiones de jubilación quedan congelados por el resto de sus días de existencia, sin importar las constantes alzas en los costos de la canasta básica y de la vida en general, que se aplican, por igual, a todos los ciudadanos. Realmente, un futuro que la gran mayoría de los panameños teme y espera con mucha aprensión...

Pocos años después del retiro, cuando ya el jubilado es un anciano y, en la mayoría de los casos, ya no puede valerse por si mismo en muchos aspectos, la sociedad y, en ocasiones, hasta su familia más cercana, les da la espalda del todo. El anciano queda a merced de la "buena voluntad" de las personas y no existe un lugar, un espacio o una instancia para él o ella en la sociedad. Quedan en la más absoluta soledad, en completo abandono, aislados del resto del mundo (por sus cada vez más diversas e intensas discapacidades), completamente vulnerables y con el sentimiento de que son un estorbo para todos. Los invade una terrible sensación de impotencia, al no poder hacer algo para cambiar o mejorar su situación. Son presa de la depresión y la desesperación y, por primera vez, desean partir de este mundo cruel que los hostiga.

¿No es este un cuadro muy triste y doloroso que debería llegar hasta las fibras más profundas de todos los panameños? Esto, lamentablemente, está sucediendo en nuestro país y todos los ciudadanos tienen la obligación espiritual, humanitaria y moral de contribuir para lograr la erradicación de esta ignominiosa realidad a través del establecimiento de mecanismos, instancias y leyes que valoren y reconozcan los méritos y derechos especiales de los ancianos panameños, resuelvan su problema existencial y les devuelvan su dignidad, autoestima y deseos de vivir. En último lugar, todos tenemos o hemos tenido padres y madres y todos, sin excepción, tenemos la posibilidad de alcanzar esta última etapa de la vida, la Venerable Ancianidad. Los ciudadanos económicamente activos de hoy deben verse reflejados en este mismo espejo, para poder comprender el drama de nuestros queridos ancianos, cuyo lugar ocuparán tarde o temprano...

Es increíble que, en pleno siglo 21, todavía existan en Panamá muchos rezagos sociales que, hace buen tiempo, han sido superados en algunos países de América Latina, con mayor conciencia y madurez social. Uno de los más tristes es la falta de reconocimiento, por parte del Estado, a las serias limitaciones físicas, fisiológicas, mentales e intelectuales de los ancianos, que se incrementan con gran rapidez, omisión que lleva a la situación de indiferencia a la que están sometidos estos panameños, por ejemplo, a nivel de la realización de distintos trámites en el sistema estatal entre los cuales se citan únicamente dos, para ilustrar.

La Fe de Vida y el cambio de los cheques de jubilación

Fe de vida:

Cada seis meses, los ancianos panameños tienen que apersonarse a las oficinas del Seguro Social para dar constancia de vida. No importa que llueva, truene o relampaguee, el anciano tiene que cumplir con este indigno y primitivo procedimiento legal para poder recibir sus pobres pensiones por los subsiguientes seis meses. Solo hay que imaginar los humillantes predicamentos por los que tienen que pasar los Venerables Ancianos panameños en estas atestadas e incómodas oficinas, especialmente si sus funciones motoras, visuales y/o auditivas están seriamente disminuidas o ya no existen y, peor aún, si no cuentan con familiares o personas que los acompañen, luego de gestionar los obligatorios permisos en sus respectivos lugares de trabajo.

En los Estados verdaderamente solidarios con sus ciudadanos, los Venerables Ancianos ocupan un lugar muy especial y están exentos de la mayoría de los engorrosos trámites que, incluso, los ciudadanos en pleno goce y disfrute de todas sus facultades, detestan. En estos países, los Trabajadores Sociales del Estado visitan periódicamente (cada 3 o 6 meses) las residencias de los ancianos con el fin de comprobar y certificar que están vivos. En los más avanzados, los registros de las defunciones son captados digitalmente y aparecen En Línea en Bases de Datos Relacionadas. Esto permite la actualización instantánea de las Fichas Electrónicas de cada Asegurado (jubilado, pensionado o activo), de tal modo que los Servidores Públicos encargados de confirmar la Fe de Vida de los Venerables Ancianos en los Sistemas de Seguridad Social solo tienen que digitar el Número de Asegurado del ciudadano en la computadora para obtener la información de manera inmediata. Si se implementaran sistemas similares en Panamá, estos datos serían igualmente útiles, por ejemplo, para el Tribunal Electoral y la Banca Estatal o privada, entre otros. ¿No es esta una de las aplicaciones inteligentes de las computadoras y las redes electrónicas? Esto se llama servicio eficiente y considerado para el ciudadano, que se traduce en mejor calidad de vida. Existen muchas otras alternativas viables que podrían ponerse en práctica para facilitar y mejorar la calidad de vida de los ancianos panameños.

Cambio de los cheques de jubilación:

Quincenalmente, los Venerables Ancianos panameños, sin importar su condición física, mental o intelectual, tienen que apersonarse al Banco de su preferencia para que los vean y, así, dar constancia de vida y poder hacer efectivos sus cheques de jubilación o pensión. ¿No es esta una grave falta de consideración y un flagrante irrespeto para con estos seres que contribuyeron al progreso y engrandecimiento del país con sus esfuerzos? Tienen que haber alternativas modernas que eviten este sufrimiento innecesario a nuestros queridos ancianos. Entre estas, la que se citó anteriormente, relacionada con los registros de las defunciones En Línea en bases de datos relacionadas u otras tecnologías informáticas más recientes. Lo que falta, realmente, es tomar conciencia de esta injusticia social, el deseo de mejorar la calidad de vida de estos meritorios ciudadanos, investigar cómo se hace en países socialmente más avanzados y un poco de imaginación para implementar un sistema sui generis o a la medida, en el menor tiempo posible. Panamá lo necesita, además, para mejorar su bajo Índice de Desarrollo Humano, dar un paso importante hacia una verdadera e integral justicia social y cambiar la imagen que tiene de país socialmente atrasado.

Reflexiones:

El gobierno actual ha dado muestras fehacientes de querer modernizar el Estado Panameño, en el verdadero sentido de la palabra. El programa del Gobierno Virtual lanzado por el Ministerio de la Presidencia, desde la etapa inicial del mandato del Presidente Martín Torrijos Espino -que incluye los novedosos y funcionales sistemas En Línea de Panamá Tramita (http://www.panamatramita.gob.pa/), Panamá Compras (http://www.panamacompras.gob.pa/), Panamá Emprende (http://www.panamaemprende.gob.pa/) y los diversos servicios del Tribunal Electoral (http://www.tribunal-electoral.gob.pa/), entre otros- es la mejor evidencia de esto. Con este programa, el país dio un enorme salto cualitativo y cuantitativo que lo acerca más al mundo desarrollado. También debe incluirse a nuestros Venerables Ancianos en este programa para imprimirle un enfoque socio-humanístico. Se espera que el próximo gobierno, sin importar el partido político que lo represente, continúe esta importante línea de acción que catapultará el país hacia el desarrollo.Pero no hay verdadero desarrollo sin equidad social, con inclusión de todos los estratos sociales de clases, razas, religiones, sexo, edades, etc. Esto incluye a los Venerables Ancianos panameños cuya calidad de vida tiene que ser mejorada significativamente para que todos los ciudadanos puedan sentirse satisfechos y orgullosos de vivir en un país con políticas y leyes en las que se reconoce, valora y premia a los seres que, antes que las generaciones actuales, sentaron las bases del Panamá de hoy...No hay nada más dulce y gratificante que ver dibujada, en el rostro sereno de un anciano, la sonrisa de agradecimiento, a Dios y a la Patria, por un servicio recibido en reconocimiento a su venerable ancianidad. Como bien señala el conocido dicho popular, "honrar, honra".


Sobre esta noticia

Autor:
Eric M. Candanedo Lay (22 noticias)
Fuente:
palabrajusta.blogspot.com
Visitas:
430
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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