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El crimen inaudito de Lasa y Zabala

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21/07/2020 04:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En los dibujos del antropólogo forense también figura el estado de los cadáveres al ser encontrados, maniatados y amordazados con gasas y vendas y todo lo demás

 

Lasa y Zabala, los años del terrorismo de EstadoEn julio de 1983, el CESID aconsejó secuestrar a miembros de ETA en Francia. En octubre desaparecieron Lasa y ZabalaEl ministro del Interior, José Barrionuevo, fue condenado a 10 años de cárcel por el secuestro de Segundo Marey pero solo cumplió tres meses por esa causaDe los 74 atentados de grupos terroristas parapoliciales y ultras investigados entre 1975 y 1990, solo en 17 hubo sentencia firmeIker Armentia  Lasa y Zabala, la secuencia más negra de la 'guerra sucia'·       Dos etarras secuestrados, torturados y asesinados por guardias civiles fueron las primeras víctimas mortales de los GAL. Transcurrían los años de plomo del terrorismo, que era entonces una seria amenaza para la democracia. Una historia de las cloacas del Estado que ha pasado por el cine

José Antonio y José Ignacio acudieron después de cenar a casa de su amigo Mariano, en el número 11 de la rue Tonneliers, de Bayona. Poco después se dejaron caer por varios garitos de la ciudad de Iparralde, sumida en un letargo casi invernal. Pasada la medianoche, Mariano, el anfitrión, les dejó las llaves de su coche, aparcado a pocos pasos de su portal, para que sus dos amigos se acercaran a las fiestas de la cercana localidad de Arcangues. Nunca llegaron a arrancar ese Renault 4L de color verde con matrícula SS-3590-M. Antes fueron atacados por guardias civiles de Intxaurrondo. Actuaban en una operación ordenada, según la sentencia, por el jefe del cuartel, el entonces coronel Enrique Rodríguez Galindo –recien ascendido a general por el Gobierno de Felipe González, supuestamente en pago de su silencio para que no implicara a  cargos políticos, altos o bajos. Los agentes maniataron a los dos jóvenes ( “eran un grupo de hombres fuertes” que, tras inmovilizarles, les metieron por la fuerza en unos vehículos ya preparados rumbo a España. Era solo un comienzo de uno de los episodios más negros de la transición. Casi dos años después, en 1985, los cadáveres de aquellos dos jóvenes, los etarras José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, de 20 y 21 años, fueron encontrados sin ropa, con señas de tortura, amordazados y con cinta aislante en las cuencas de los ojos a 780 kilómetros de allí. Habían sido enterrados bajo 50 kilos de cal viva en una fosa de 180 de largo por 80 y 90 centímetros de profundidad en un paraje natural de Busot (Alicante), tras ser sometidos a brutales torturas y haber recibido uno y dos tiros en la cabeza con una Browning.

José Ignacio Zabala y José Antonio Lasa.

Los datos están recogidos en la sentencia del caso, firmada en 2000, años después de que fueran encontrados por casualidad por un comisario de policía local los cuerpos sin vida de los miembros de ETA militar.No fueron identificados hasta 1955. Aquellos fueron los primeros asesinatos de los GAL, el grupo creado desde dentro de organizaciones del estado español para combatir el terrorismo de ETA con sus propias armas y al margen de la ley. Una especie de 'escuadrones de la muerte' que empezaron a operar justo durante el primer Gobierno del socialista Felipe González, aunque años atrás habían tenido precedentes con otras siglas, como la Triple A o el Batallón Vasco Español. Ahora el cine recuerda aquella macabra historia con la película 'Lasa y Zabala', dirigida por el director Pablo Malo y protagonizada por Unax Ugalde, que se estrenó fuera de concurso en el Festival de Cine de San Sebastián. Se trata de un relato en el que la ficción queda hilvanada intimamente con hechos concretos recogidos en el sumario citado y que difícilmente escapará a las trifulcas políticas tan habituales en Euskadi. No hay nada que no sea verdad sangrante. Pese al tiempo transcurrido, aquel atentado sigue grabado en la memoria colectiva del pueblo vasco como uno de los más macabros -seguramente, el más- de la 'guerra sucia' en un país que olía a miedo y pólvora.

Años de plomo

"Un guardia civil asesinado en Rentería". Fue el titular con el que desayunaron los lectores de EL CORREO el 14 de octubre de 1983, un día antes de que Lasa y Zabala fueran secuestrados por miembros de los GAL. La víctima era Ángel Flores Jiménez, un agente de policía 44 años al que dos pistoleros de ETA descerrajaron dos tiros, uno de ellos en el cuello, y acabaron con su vida casi en el acto. Un atentado más que poco o nada conmocionaba a una sociedad acostumbrada a leer en los periódicos, o ver en televisión, imágenes de los rescoldos tras la explosión de algún coche bomba, o planos de una calle acordonada en la que se distinguía algún cadáver tapado con una manta o una sábana, bajo los cuales había un cuerpo sin vida dejado por ETA- consecuencia de un crimen más perpetrado por la espalda.

Eran los años de plomo, en los que los crímenes de ETA -con las Fuerzas de Seguridad del Estado y el Ejército como objetivos prioritarios en su punto de mira o viceversa.Los hechos se sucedían casi a diario y eran una verdadera amenaza para la democracia recién estrenada. Con las libertades recién recuperadas y el Estado de Derecho tratando de asentar sus cimientos, el terrorismo era aún una excusa para el ruido de sables que cortaba el aire en algunos cuarteles militares. La fallida intentona golpista del 23-F en que estaban compoltados personajes regios, políticos y generles, se había producido apenas dos años y medio antes. Mientras, algunos nostálgicos de la dictadura o acostumbrados a sus prácticas –abundantes y, en puestos sensibles- permanecían agapazados en el corazón de los aparatos del Estado, pese a la 'operación limpieza' emprendida primero por los gobiernos del partido UCD y posteriormente por el PSOE. En ese contexto brotaron o nacieron los GAL, cuyas atrocidades parejas a las de ETA sentarían años más tarde en el banquillo a altos responsables del Ministerio del Interior y cargos policiales, Guardia Civil y grises.. El exministro José Barrionuevo, Rafael Vera, Julián Sancristóbal, Ricardo García Damborenea -exsecretario general de los socialistas vizcaínos-, Miguel Planchuelo, José Amedo y Michel Domínguez, entre otros, fueron a dar con sus huesos en prisión, muy brevemente.

 

En origen, Lasa y Zabala formaban parte del 'comando Gorki' de ETA con apenas 18 años y acciones muy “amateurish”. En noviembre de 1981 fue detenido uno de los integrandes del 'talde Gorki', Iñigo Alonso, tras un atraco a una sucursal bancaria. Sus compañeros lograron huir tras protagonizar un tiroteo con la Policía. Los dos jóvenes optaron por escapar al sur de Francia; entonces, un 'santuario' para la banda, en cuyas calles se movían sus miembros con plena libertad, aunque los gendarmes franceses jugaban tambien con frecuencia a dos bandas.

En 1983 lasa y Zabala residían en Bayona, donde estaban en contacto con el denominado Comité de Refugiados y habían presentado peticiones de asilo político. Mientras se tramitaban, habían solicitado sucesivos permisos de residencia, que les fueron concedidos por distintos periodos de tiempo.

En los dibujos del antropólogo forense también figura el estado de los cadáveres al ser encontrados, maniatados y amordazados con gasas y vendas y todo lo demás

Pistas sobre un secuestro

En la noche del 15 al 16 de octubre del 83, ocurrrió el secuestro los agentes introdujeron a los dos jóvenes, en los vehículos con los que habían cruzado la frontera y, escondidos, los trasladaron a San Sebastián. En un primer momento fueron retenidos en Intxaurrondo. Siguiendo instrucciones de Galindo, los llevaron al palacio de La Cumbre, en lo alto de la cuesta de Aldapeta, cerca del Colegio de los Marianistas,               los encerraron en tres habitaciones habilitadas como calabozos, en las dependencias del Gobierno Civil de Gipuzkoa, y allí fueron salvajemente torturados por miembros verdes del GAL.

El interrogatorio pretendía arrancarles pistas sobre el paradero del capitán de Farmacia Alberto Martínez Barrios, que había sido secuestrado días antes por ETA. Las atrocidades a las que fueron sometidos no dieron resultado: Lasa y Zabala no tenían dato alguno de esa acción, y desconocían quiénes eran sus autores y dónde podían ocultar al militar. El cadáver de Martínez Barrios apareció el día 19, con un tiro en la nuca, en las proximidades del parque de atracciones de Bilbao.

A la vista del lamentable estado físico que presetaban los dos etarras, Galindo -que había sido testigo personal de las torturas-, con el conocimiento y presencia en los interrogatorios del gobernador civil de Gipuzkoa, Julen Elgorriaga - y del teniente coronel Ángel Vaquero, ordenó su asesinato y desaparición, según el fallo. Los guardias civiles Enrique Dorado y Felipe Bayo, que habían participado en el secuestro de Bayona, les llevaron a un paraje de la localidad alicantina de Busot y cavaron una fosa. El primero les disparó tres tiros en la cabeza. Después los enterraron cubiertos con cal viva.

Los restos de los cadáveres fueron localizados en 1985. Un policía de Busot que paseaba por la zona los encontró de forma casual y puso en marcha los trámites para investigar la identidad de los fallecidos. Sin embargo, hasta 1995, doce años después de que se produjeran los hechos, no pudo determinarse que los cuerpos pertenecían a los dos etarras desaparecidos.

La brutalidad a la que tuvieron que hacer frente Lasa y Zabala quedaría demostrada por la autopsia que una década después se pudo practicar a los cuerpos. Cada línea y cada fotografía recogida en el informe forense del doctor Francisco Etxebarria da una idea de las atrocidades que sufrieron durante interminables díasy en el viaje de 700 kilómetros de Euskadi a Alicante. En las notas del especialista aparecen fotografiadas mandíbulas con dientes arrancados de cuajo con tenazas, dedos aplastados y los restos óseos, etc… reflejan que fueron sometidos tambien a quemaduras. En los dibujos del antropólogo forense también figura el estado de los cadáveres al ser encontrados, maniatados y amordazados con gasas y vendas y todo lo demás.

Las conclusiones del informe pericial no dejaban lugar a dudas: "Existen elementos suficientes como para establecer una etiología médico-legal de muerte violenta de carácter homicida como consecuencia de las heridas por arma de fuego que afectan a centros vitales (cerebro) en ambos casos". Fueron rematados a punta de una pistola Browning. "Fue una tortura con mucha sangre o con mucho daño, y muy brutal"

La semejanza de ambos procesos es obvia. Si abriendo las puertas del palacio de Aiete y su entorno a la ciudadanía donostiarra se limpió el aire viciado del franquismo…El palacio de La Cumbre arrastra en el recuerdo de la ciudadanía donostiarra el espeluznante crimen de Lasa y Zabala; en 1983, allí fueron fieramente torturados y después vilmente asesinados en un paraje de la provincia de Alicante, en el municipio de Busot, con dos disparos en la cabeza, José Ignacio Zabala y uno José Antonio Lasa. Sus cuerpos fueron arrojados a una fosa, cubiertos con cal viva y descubiertos meses después, en enero de 1985, aunque fueron identificados mucho más tarde. 

El crimen de Lasa y ZabalaEl crimen de Lasa y Zabala


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